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lunes, 15 de diciembre de 2008

Los sísmicos

La otra noche en el balcón de una casa muy mona descubrí otro apartado que separa a los porteños del resto de algunos latinoamericanos: "ser o no sísmico".

En esta esquina una limeña que pudo haber volcado su melena hacia afuera del séptimo piso para que cualquier invitado trepara por ella nos contaba como el edificio donde vive en Perú, enloqueció con el último temblor que sacudió aquellas tierras. Su compañero que vive en alguna coordenada de California, a la vera de la falla de San Andrés contaba también lo suyo...yo no tuve que darme cuerda....Mientras tanto un chico porteño escuchaba muy atento, en sus gestos adiviné el asombro fantástico que le producían las anécdotas. Nos miraba e intuyo que pensaba que semejante desorden sólo nos podía pasar a nosotros -no porteños- surgidos de latitudes lejanas y exuberantes donde la tierra se atreve a moverse sin previo aviso, ¡qué falta de respeto! lo que se declara oficialmente sin vida no tiene porque moverse por si mismo.
A partir de sus comentarios descubrí lo lejano que le resultaba todo aquello, la distancia que trazaba su mirada asombrada, la idea de que la tierra se sacuda encabronada y sin sentido le parecía una historia exótica que sólo podría ocurrir en un cuento de Márquez y a nosotros.
La chica del pelo taaaaaaaaan largo remató contando como aquella vez del último temblor salió corriendo de su casa con la toalla en la mano, porque el movimiento la pilló mientras se duchaba.
Supongo que el chico desistió en seguir imaginandose eso de que la tierra tiene rajas y de repente se abre...su mirada se clavó en la nada y fue evidente que prefirío concentrarse en la imagen de aquella mujer corriendo por algún portal de Lima desnuda, asustada y a medio duchar antes que pensar en terremotos.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Gente decente

Mi madre es drástica y su clasificación del mundo es sencilla: para ella todos los seres que habitan en el planeta pueden dividirse entre los que son gente decente y los que no.
El domingo pasado fui a una casa de gente decente. Por algún error de cálculo -quizá ese cambio de hora de ciencia ficción- nuestra aparición se dio antes de lo citado. Pero como se trataba de una casa de gente decente me pareció que no pusimos a nadie en apuros. La casa parecía lista para recibir a cualquiera a la hora que fuera (mi madre diría que es porque se trata de gente decente). La gente decente debe vivir como en las telenovelas: siempre lista.
Imaginé una visita inesperada -en domingo por la mañana- en cualquiera de las casas que he vivido, y pensé en la variedad de escenarios que podría haberse encontrado el visitante no esperado.
Apuesto que la dueña de esta casa decente no corrió a disimular una mota de polvo cuando escuchó el timbre, (un ademán que ya tengo bien practicado cuando tocan a mi puerta) hasta el último paso de mis invitados antes de cruzar el umbral de la casa lo aprovecho para seguir poniendo las cosas en su sitio. La gente decente puede pagar a personas que siempre ponen cada cosa en su sitio y en sus casas hay sitio para todo lo que tienen, en las mías no...mi madre diría que es porque...

Después de nosotros llegó la gente puntual. Juan Villoro que es un claro ejemplo de educación y modales (además de simpático)ya se sabe, que ya lo he dicho mucho en estas líneas...argentinos que habían pasado gran parte de sus años exiliados en México, mexicanos exiliados Argentina...mexicanos de visita...en fin...lo que todos teníamos en común esa tarde era Buenos Aires, y la invitación del agregado cultural a su casa, que sin duda es de gente decente.